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ARTISTA

En el medio del miedo y la depresión, que prevalecen en este tiempo. Van surgiendo por debajo, imperceptiblemente, atisbos de una forma de vivir, que busca al borde del abismo, la restauración de una humanidad que se siente día a día desfallecer.
Son los artistas, esos seres consagrados, que es casi como decir condenados a testimoniar lo luminoso y lo tremendo al resto de la humanidad.
Labor, que exige de sacrificio, ya que no solo el descenso a los infiernos forma parte del itinerario iniciativo, sino la renuncia a todo aquello que pueda interferir con su oficio sagrado.
Ahora, ¿estas dispuesto a sobrellevar estos horrores?.
Si te crees con el ímpetu de enfrentar tal camino, antes escucha la advertencia de quien lo a transitado.
Ya que es entonces, que advertirás que además de tu genio y tu talento, demandaras de otros atributos espirituales, como el coraje para decir tu verdad y la tenacidad para seguir adelante.
Una curiosa mezcla de fe y un reiterado descreimiento de tus fuerzas.
Una extraña combinación de modestia ante los gigantes, y arrogancia ante los imbéciles. Una necesidad de afecto, pero la valentía para estar solo. Para rehuir a la tentación, de la galería de los espejos.
Ya que si estas dispuesto a sufrir, a desgarrarte, a soportar la mezquindad, la malevolencia, la incomprensión, la estupidez, el resentimiento, y la infinita soledad.
Entonces si estarás capacitado para dar tu testimonio, pero para colmo nadie podrá garantizar tu porvenir. Porvenir que en cualquier caso es triste, si fracasas, porque el fracaso siempre es penoso; y en el artista trágico.
Si triunfas, porque el triunfo es una especie de vulgaridad, una suma de mal entendidos, al que se llama hombre publico y con derecho.
Un chico como vos mismo eras al comienzo, te podrá escupir y aun así tendrás que agachar el lomo, y seguir produciendo tu obra, como quien levanta una estatua en un chiquero.
Y es en tu obra donde sentirás haberte vaciado por entero de vos, porque no solamente as descargado lo que sabes, sino lo que supones y sospechas; como tus estremecimientos, tu vida inconsciente, tus fantasmas...
Y haberlo hecho con sostenida fatiga y con tensión, con cautela y con temblor, con descubrimientos, y fracasos.
Y haberlo hecho de modo que toda tu vida se concentrara en este punto, y advertir que es como si nada si no lo acoge y da calor un signo humano, una presencia, una palabra, un aplauso. Y te sentirás, como quien sucumbe ante frío, como quien deambula en el desierto, como quien aguarda día y noche en su lecho de muerte.
Y sentirás entonces, el anhelado signo de un ser, que como de otra isla escucha tus lamentos, y será capaz de entender tu clave.
Entonces regresaran tus fuerzas, por un momento no sentirás el gruñido de los cerdos; es cuando por un fugitivo instante abrigarás la eternidad.
Ya que es el arte, la única fuerza en este mundo, que parece salvarnos de la transitoriedad y de la inevitable muerte.